Aequam memento rebus in arduis servare mentem
«Recuerda mantener la mente serena en momentos díficiles»
Muy amados en Cristo, príncipe de paz.
Ministros, fieles todos:
En días de desasosiego y turbulencia quiero dirigirme una vez más a ustedes, pueblo de Dios pero también – Colombianos, hijos de estas amadas tierras llenas de esperanza avocados y confiados en una duradera y cristiana reconciliación.
No está demás decir, aunque lo vemos a diario en los medios de comunicación mundial – que cuando hay vientos de guerra y amenazas de destrucción en tantas partes del planeta, hay también un llamado urgente, para nosotros colombianos, el llamado a la Paz y al Perdón.
La necesidad más grande de Colombia y de este mundo es ‘de PAZ’.
Esta sociedad en la que vivimos anda en una búsqueda desesperada de ‘paz’, ya sea en cualquiera de sus formas, miremos los altos consumos de calmantes, las prácticas de meditación y relajación; creo son suficiente prueba de dicha búsqueda. Y aunque la experiencia de paz que anhelamos no significa lo mismo para todos, si todos estamos en busca de ella. Para quienes están en guerra – que ha sido lo que nos ha tocado vivir las últimas casi seis décadas – significa el cese del conflicto armado. Para los que llevan vidas agitadas significa un poco de calma, de descanso. Para el que está siendo atormentado significa tranquilidad interior. En todos los casos el concepto está relacionado con ser libres ya sea de circunstancias, emociones y actividades que nos dañan.
El perdón es la experiencia del hombre que, reconociendo que ha faltado, sabe que ha herido, que ha afectado la relación con el otro. Es la acción más noble del hombre en cuanto descubre su propia fragilidad y solicita de aquel que ha sido ofendido, que le conceda el perdón para reconciliarse y entrar en relación. El perdón es una de las expresiones más nobles del ser humano, ojalá la tengamos en cuenta en estos días en que tanto reclamamos justicia, pero nos olvidamos que por nuestro silencio e indiferencia, hemos sido cómplices de tanta muerte y dolor, de tanta tragedia y desolación.
Dice la Sagrada Escritura: «Justificados, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Romanos 5,1). Mis hermanos, la paz es el contenido mismo de la justificación. Esta no consiste sólo en la remisión de los pecados, sino en algo puramente negativo, en un
«quitar» algo que había; implica también y sobre todo un elemento positivo, un poner algo que no había: el Espíritu Santo, y con ello, el perdón y la paz.
En la cruz de Cristo se realizó la reconciliación entre Dios y los hombres. En el sacrificio de Cristo la perspectiva cambia. No es el hombre el que ejercita una influencia sobre Dios, para que se aplaque (con los sacrificios). Más bien es Dios el que actúa para que el hombre desista de la propia enemistad contra Él. «La salvación no inicia con una petición de reconciliación por parte del hombre, sino con la solicitud de Dios de reconciliarse con Él». En este sentido se entiende la afirmación del Apóstol: «Es Dios que ha reconciliado con sí el mundo en Cristo» (2 Corintios 5, 19). Y más: «Mientras éramos enemigos, hemos sido reconciliados con Dios mediante la muerte de su Hijo» (Romanos 5, 10).
La paz que Cristo nos ha merecido con su muerte de cruz se vuelve activa y operante en nosotros mediante el Espíritu Santo. Por esto en el cenáculo, después de haber dicho a los apóstoles: «Paz a vosotros», sopló sobre ellos y añadió, como en un solo viento: «¡Recibid el Espíritu Santo!» (Juan 20, 22).
En realidad la paz, mis amados, viene, sí de la cruz de Cristo, pero no nace de Ella. Viene más de lejos. En la Cruz Jesús ha destruido el muro del pecado y de la enemistad que impedía a la paz de Dios de derramarse en el hombre. Cuando Jesús dice: «¡Shalon!» y «Recibid el Espíritu Santo», Él comunica a los discípulos algo de la «paz de Dios que supera toda comprensión» (Fil 4, 7)
Este mensaje, venidos desde el corazón de Dios, está dirigido a cada uno de nosotros y busquemos entender en qué consiste, sobre todo en estos días de turbulencia política donde un SÍ o un NO lleva consigo una carga de error por la desesperanza de todo un país. La Paz es un don de Dios y ha de ser vivido más como un deber que como documento firmado o un regalo.
En la práctica, el amor y el perdón que Dios concede han llegado a depender del amor y el perdón que se da a los demás: si perdonas a quien te ofende, Dios, a su vez, podrá perdonarte. (Mateo 5,23 – 25)
Él Espíritu Santo nos enseña a mirar a Dios con unos ojos nuevos: como el Dios de la ley, por supuesto, pero aún más como el Dios del amor y de la gracia, el Dios «misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en el amor» (Ex 34, 6)
Repitámonos, de vez en cuando, sobre todo en estos días de desasosiego de patria, con la alegría íntima y la seguridad jubilosa del Apóstol Pablo: «¡Justificados por la fe, tenemos paz para con Dios!». Y recodemos: Ubi concordia, ibi victoria – «Donde está la unidad, está la victoria«.
Unámonos en fe y oración y pidamos al Padre de las Luces, Príncipe de PAZ, al Señor Jesús, que nuestro SI a la paz sea primero con nosotros mismos y con nuestros hermanos, y nuestro NO, sea para con el enemigo, padre de la Mentira y de la discordia, que nos quiere seguir manteniendo en guerra y tirando al pozo de la desesperanza, el anhelo y la fe, en la posibilidad de una Colombia mejor y más unida, en un mismo sentir, el sentir de Cristo, quien reconcilió consigo al mundo:
Efesios 2,16-18: Y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo Cuerpo, habiendo dado muerte en ella a la enemistad. Y vino y anunció la paz como evangelio a vosotros que estabais lejos; y también paz a los que estaban cerca; porque por medio de Él los unos y los otros tenemos acceso en un mismo Espíritu al Padre.
Alea iacta est – «La suerte está echada» – Y nosotros, tú y yo, seremos los artífices de una Colombia mejor, de una patria unida y de un presente preñado de esperanza.
Con mi Bendición apostólica y la protección de María la Virgen, Rosa mística:
††Monseñor JOSE RUBEN GARCIA MATIZ
ARZOBISPO PRIMADO – REPRESENTANTE LEGAL
Bogotá, D.C. Septiembre 29 de 2016



Deja una respuesta